Domingo 3º Cuaresma: "No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre"
No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. Hace poco llegó a nuestra iglesia un señor para bendecirle unos alimentos. Creo que era sal, aceite, agua y perejil (no estoy seguro si eran estos elementos...). Extrañado le pregunté al señor, y me dijo que era una "receta" que le había dado un amigo para que en su casa se fueran los "malos espíritus"... Evidentemente, tuvimos una pequeña charla, en la que, desgraciadamente, terminó este señor diciendo: Padre, me está quitando usted la fe...
Y así andamos. Queriendo hacer negocio con Dios, como si fuera un reconocido cambista: "yo te doy para que Tú me des", convirtiendo en muchas ocasiones nuestra fe en un carnet de puntos o en una tarjeta de crédito.
Hoy nos toca hacer reciclaje, llevar al punto limpio todas esas actitudes de nuestra vida pendientes de revisión para poder dejar allí nuestra comodidad, nuestra continua búsqueda de zona de confort, de seguridad... para dejar allí nuestro dios hecho a medida, hecho a nuestra imagen y semejanza... para dejar allí nuestra religiosidad barata, para dejar allí nuestro cristianismo light o "a la carta".
Hoy toca ser albañil y reconstruir de nuevo nuestro "Templo": uniendo fe y vida; encontrando a Dios en el templo de cada persona, en su interior; celebrando en cada Eucaristía el regalo de la vida con nuestros hermanos, con nuestra comunidad; escuchando su Palabra; y, sobre todo, dejando a Dios ser Dios.
Que hoy sea un día de reciclaje...
Lectura del santo evangelio según Juan 2,13-25
Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: "Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre." Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: "El celo de tu casa me devora." Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: "¿Qué signos nos muestras para obrar así?" Jesús contestó: "Destruid este templo, y en tres días lo levantaré." Los judíos replicaron: "Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?" Pero hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.




