Domingo de Ramos: "Subiendo hacia Jerusalén..."
Subiendo hacia Jerusalén... Hoy vivimos nuevamente una Semana Santa diferente, un Domingo de Ramos diferente. Quizás no tan limitados como el año pasado, tras las pantallas, debido al confinamiento del comienzo de la pandemia, pero con restricciones que harán que sigamos recordando nuestras vivencias pasadas.
Pero si algo tiene el Evangelio es la insistencia a vivir nuestro presente. Y este día, como pórtico de la Semana Santa, nos invita a mirar nuestro hoy, nuestro presente, nuestra realidad. Hoy se nos pide que seas caminante, que camines junto a Jesús en este recorrido hacia Jerusalén, en Jerusalén y más allá de Jerusalén. Caminantes, pero no espectadores. Se te pide que te calces, que te prepares convenientemente para esta andadura, para ser también parte protagonista de esta historia y no quedarte como espectador de balcón, como quien ve la vida pasar, mientras comes pipas o charlas con trivialidad.
Hoy Jesús, que siempre ha sido tu compañero de camino, te pide que seas el suyo, trayendo a la realidad todo el sufrimiento que hoy estamos viviendo y no sólo por la pandemia. Por ello, bájate del balcón de tu vida. Entra con él a Jerusalén. Sé un discípulos, caminando a su lado; sé el pollino que lleva a Jesús, entrando en la ciudad; sé una de esas ramas de olivo, para que Él siga siendo parte importante de tu vida; sé ese arco de entrada de la ciudad, para que Jesús entre en tu vida. Entra en Jerusalén y prepara todo lo necesario para estos días. Sube a Jerusalén...
Acordémonos también en este día de santa Clara, día en la que dejó la casa paterna para consagrarse al Señor, que quiso dar respuesta a lo que Dios iba suscitando en su corazón. Ojalá seamos tan valientes como ella...
+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 19, 28-40
En aquel tiempo, Jesús echó a andar delante, subiendo hacia Jerusalén. Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos discípulos, diciéndoles: "Id a la aldea de enfrente; al entrar, encontraréis un borrico atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta: "¿Por qué lo desatáis?", contestadle: "El Señor lo necesita".
Ellos fueron y lo encontraron como les había dicho. Mientras desataban el borrico, los dueños les preguntaron: "¿Por qué desatáis el borrico?" Ellos contestaron: "El Señor lo necesita." Se lo llevaron a Jesús, lo aparejaron con sus mantos y le ayudaron a montar.
Según iba avanzando, la gente alfombraba el camino con los mantos. Y, cuando se acercaba ya la bajada del monte de los Olivos, la masa de los discípulos, entusiasmados, se pusieron a alaba¡ a Dios a gritos, por todos los milagros que habían visto, diciendo: "¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en lo alto."
Palabra de Dios.




