Domingo 3º Pascua: "Echad la red"
Echad la red. A veces no nos damos cuenta de la importancia de nuestro testimonio. ¿Os acordáis de la película Cadena de favores? Trevor, un chico de 11 años, inicia un proyecto propuesto por su profesor de ciencias sociales a toda su clase para cambiar la vida de las personas que le rodean. Y este chico empieza ayudando a tres personas en un aspecto concreto de su vida, a cambio de que estas tres personas, cada una de ellas, ayuden también a otras tres personas, y así sucesivamente. Trevor, en un determinado momento, se sintió derrotado, creyó que su proyecto no servía para nada, quiso arrojar la toalla, pero más adelante se dio cuenta que esta idea había llegado más allá de lo que él había pensado.
¿Os imagináis si los discípulos y las mujeres después de las apariciones de Jesús resucitado se hubieran quedado callados? No nos hubiéramos enterado de nada. Pero no lo hicieron. Aunque tuvieron dificultades, y también miedo, sintieron siempre esas palabras de ánimo de Jesús: No tengáis miedo. Por eso, hoy te toca a ti dar testimonio de Él. No te quedes callado y comparte con la gente que te rodea este anuncio de Cristo resucitado, por un comentario, una imagen, un vídeo... por whatsapp, por redes sociales, por email, cara a cara... Pero no te quedes callado: ¡Levántate y anuncia a todos que Cristo ha resucitado!
Lectura del santo evangelio según Juan 21, 1-19
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado
En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice: "Me voy a pescar."
Ellos contestan: "Vamos también nosotros contigo."
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice: "Muchachos, ¿tenéis pescado?"
Ellos contestaron: "No."
Él les dice: "Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis."
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: "Es el Señor."
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.
Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: "Traed de los peces que acabáis de coger."
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice: "Vamos, almorzad."
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?" Él le contestó: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Jesús le dice: "Apacienta mis corderos." Por segunda vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" Él le contesta: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Él le dice: "Pastorea mis ovejas." Por tercera vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?" Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: "Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero." Jesús le dice: "Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras." Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: "Sígueme."




