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Domingo 22º TO: "El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido"

27 Agosto 2022

El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido. Tenemos entre los cristianos un pequeño problema cuando hablamos de humildad: o nos pasamos o no llegamos.

A veces hemos confundido la humildad con el quedarse callado, con la resignación, a tragar todo sin rechistar... Hemos confundido la humildad con el saberse menos que los demás, con el menosprecio de uno mismo, con el "yo no valgo nada"...

Y la humildad es saber ponerse a la altura del otro, estar a la altura de su mirada, ni más arriba ni más abajo. La humildad es saber reconocer los dones que Dios te ha dado pero sin que tu luz deslumbre a los demás. La humildad es, como decía san Francisco, reconocer lo que eres ante Dios y no más, para que esa humildad haga que los demás quieren estar contigo y quieran alcanzarte. Ser mediación (¡menuda tarea!). 

Pero, por supuesto, en la vida, nos encontramos lo que yo llamo "la espiritualidad del taburete": sentirnos por encima de los demás, mirar por encima del hombro, creer que nadie te puede enseñar nada, querer ser el centro de las conversaciones, que te alaben por tus éxitos.. Y con esta espiritualidad nos olvidamos que, mientras más grande sea la subida, más fuerte será la caída. 

Te propongo un reto en esta semana: fíjate en los que te rodean (amigos, compañeros de trabajo, de estudios, familia...) y alábales por algo bueno que hayan hecho, sea su trabajo, una comida muy buena, el trato recibido, el escuchar, el acompañarte... Ser humilde implica reconocer lo que Dios también ha depositado en los demás, y es bueno reconocerlo en los demás.

Así que ya tienes tarea para esta semana: "siempre humilde, nunca humille". 

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas (14,1.7-14):

En sábado, Jesús entró en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando.
Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola:
«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga:
“Cédele el puesto a este”.
Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.
Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga:
“Amigo, sube más arriba”.
Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.
Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido».
Y dijo al que lo había invitado:
«Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos».